Sanluqueiros
Hay tradiciones que sobreviven en los libros y en la memoria.
Y hay otras que todavía pueden tocarse, olerse y mirarse a los ojos.
Desde hace 870 años, los caballos bajan del monte hasta la Feira de San Lucas. Ocho siglos y medio de caminos recorridos al amanecer, de trato entre ganaderos, de lluvia sobre las chaquetas, de voces mezcladas con relinchos y pasos sobre el barro. La feria más antigua de Galicia no pertenece únicamente a la historia: sigue viva en la gente que continúa acudiendo cada año, casi como un acto de fidelidad a sus raíces.
Sanluqueiros nace precisamente de esa necesidad de mirar a quienes sostienen la tradición.
No desde la distancia ni desde la nostalgia vacía, sino desde la cercanía humana.
Estas fotografías no buscan retratar un evento espectacular. Buscan detenerse en los rostros, en las manos, en los silencios y en los pequeños gestos que normalmente pasan desapercibidos. En la expresión cansada de quien lleva toda una vida viniendo a la feria. En la sonrisa inesperada de un hombre entre los caballos. En la mirada firme de las mujeres que observan desde un segundo plano pero forman parte esencial de esta memoria colectiva. En los jóvenes y los niños que heredan sin darse cuenta una manera de vivir y de relacionarse con los animales, con el monte y con la comunidad.
Los retratos ocupan el centro de esta exposición porque son ellos quienes verdaderamente cuentan la historia de San Lucas. Cada arruga parece guardar años de ferias, inviernos y caminos. Cada mirada habla de orgullo, de dureza, de humor o de melancolía. Hay personas que parecen observar el pasado mientras otras miran directamente al presente. Y entre todas construyen el alma de la feria.
También los detalles forman parte del relato: las manos sujetando bastones y riendas, la ropa gastada por el uso, el humo de un cigarro en mitad de la espera, los animales observando en silencio detrás de las personas, la cercanía entre generaciones, el cansancio al final del día. Son fragmentos pequeños, casi invisibles, pero contienen una enorme carga emocional y documental.
Los caballos aparecen aquí no solo como protagonistas de la feria, sino como presencia constante, casi simbólica. A veces ocupan el centro de la imagen y otras permanecen al fondo, acompañando silenciosamente a las personas retratadas. Como si ambos compartieran desde hace siglos el mismo destino.
El blanco y negro ayuda a despojar las imágenes de lo anecdótico y las acerca a algo más profundo y atemporal. Elimina distracciones y deja únicamente la verdad de las expresiones, la textura de la piel, la humedad del ambiente y la emoción contenida en cada escena. Las fotografías podrían haber sido tomadas hoy o hace cincuenta años. Esa sensación de tiempo suspendido forma parte también del espíritu de la feria.
Sanluqueiros es, sobre todo, un homenaje.
A quienes hicieron de San Lucas mucho más que un mercado.
A quienes siguen regresando cada año porque aquí reconocen una parte de sí mismos.
Y a una tradición que, 870 años después, continúa resistiendo gracias a la memoria y a la dignidad de su gente.